Nadie quiere tener un centro de datos propio (o por qué BBVA y Telefónica quieren vender los suyos)

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Abr
14
2019
Posteado en Telefonía Sin comentarios

Autor: Alberto Iglesias Fraga

Cuando comenzó la digitalización de los procesos empresariales, allá por la década de los 70-80, las compañías que podían permitirse dar este salto (grandes bancos, operadores de telecomunicaciones, gobiernos…) implantaron gigantescas máquinas en sus propias sedes corporativas o en naves habilitadas para tal uso. Algunos de estos sistemas, como los históricos mainframe de IBM, siguen en funcionamiento en varias de estas compañías.

Poco a poco, estos sistemas fueron reduciendo su tamaño y complejidad, de modo que era factible desplegar varias máquinas y conectarlas en un mismo centro para centralizar así toda la version digital de la empresa y proveer de muchos mas beneficios a las filiales o delegaciones territoriales. Surge así el concepto de centro de documentos al uso, donde están hospedados los documentos y apps críticas de cada entidad.

Esa premisa se ha mantenido estable hasta nuestros días, conforme mas y mejores servidores(dedicados) se iban desplegando para dar respuesta a las crecientes tacticas digitales de las empresas. Y, con el despegue del Big Data y la presumida explosión de información que iban a tener que funcionar las organizaciones, varias de ellas hicieron ingentes inversiones en centros de documentos de ultima generación.

Hablamos de instalaciones muy costosas, con montantes de inversión superiores a las miles e inclusive centenas de millones de euros. Y es que, no solo hay que contar el valor de los propios equipos informáticos, sino además de las redes de conectividad asociadas, la relación con el suministro eléctrico (y los sistemas o baterías de respaldo) y el despliegue de los sistemas de refrigeración que aceptan sostener operativo el centro de proceso de documentos (CPD) en sí mismo. A ello, hay que agregar en muchos casos los costos del terreno y de la construcción propiamente dicha del edificio. No es moco de pavo, precisamente.

Las industrias que dieron este paso fueron vanagloriadas por analistas, inversores y la prensa. Estaban encarando con fuerza la enorme ola digital y tenían preparadas sus infraestructuras para contestar preferible que sus rivales a los retos tecnológicos del Big Data o la irrupción de la inteligencia artificial y los analisis de información a enorme escala.

Pero solo fue un espejismo, o al menos una realidad que tenía nombre y fecha de caducidad. Porque con lo que no contaron los CIO que diseñaron estos despliegues de centros de documentos es que, a terminos de los 2000, iba a aparecer una tendencia en el comercio que haría inútiles todos estos esfuerzos previos: el cloud computing.

El choque del cloud

La premisa es realmente simple: los grandes distribuidores de beneficios digitales (como Amazon, Alibaba, Google® o Microsoft) exigen desplegar enormes infraestructuras físicas para prestar soporte a sus propias aplicaciones. Pero como todas ellas experimentan picos de carga, tienden a sobreponderar las necesidades de sus CPD. De este modo, presentan habitualmente un exceso de capacidad —tanto de proceso como de almacenamiento— que pueden comercializar a terceros.

De este razonamiento base surge todo un comercio en el que estos actores aprovechan su economía de escala, destreza operativa y dispersión geográfica para brindar todas las capas de la computación empresarial (infraestructura, plataforma y aplicaciones) como un servicio. De este modo, la compañia final solo tiene que pagar una cuota mensual y dar un par de clicks para entrar a las capacidades que antaño requerían años de layout de un centro de documentos y millones de euros en inversión.

El cloud computing elimina las barreras de entrada que restringían los mejoras digitales a las enormes firmas del IBEX pero, lo que es mas importante, imponía un nuevo criterio financiero en la tactica TIC: mientras que la construcción de un CPD propio impactaba directamente en la cuenta de resultados de las empresas, el pago de una cuota a un proveedor externo se contabiliza como un gasto ordinario más.

Dicho de otro modo: de un 2° a otro, los millones de euros invertidos que parecían dar mejoría a los pioneros en la transformación digital se convirtieron en su mayor losa, frente a la agilidad y preferible margen financiero de los que ingresaron directamente a competir en la ‘era cloud’.

Los documentos son elocuentes: el comercio cloud moverá en 2019 nada menos que 1.107 millones de euros en España, un 20% mas respecto al pasado curso, segun IDC, y esa tendencia se va a sostener durante el siguiente lustro, a una tasa anual compuesta del 22,5%. Y lo que es mas notable si cabe: el 50% de las industrias elegirá la nube pública como su prototipo de despliegue por defecto en 2023 por su menor riesgo y complejidad. Mientras tanto, los despliegues tradicionales (esto es, en los centros de documentos propios) pasarán del 68% vigente sobre el total al 61% en 2022.

Tanta es la diferencia entre el prototipo convencional y la emigracion a la nube que varias de las industrias que habían apostado por CPD propios empezaron además a utilizar capacidades de cloud pública en varias de sus necesidades cotidianas. Es lo que se conoce como nube híbrida, una de las favoritas de los ingenieros en la actualidad, sin embargo que deja en el aire una nueva pregunta: ¿qué hacemos con unos centros de documentos que se diseñaron en función de una enorme demanda que ahora esta siendo re-dirigida hacia beneficios en la nube?

El caso de Telefónica

Una de las enormes compañías españolas a las que el paso a la nube le pilló a contrapié es Telefónica. En 2013, cuando la nube ya era mas que conocida y comenzaba a extenderse por el tejido productivo, el operador de tele-comunicaciones inauguró su centro de documentos de Alcalá de Henares (Madrid). Era la joya de la corona de la firma, ya que se intenta de un CPD considerado ‘Tier IV’, la preferible nota que pueden tener estas instalaciones a tenor de su disponibilidad (99,995% anual en este caso), eficacia energética y seguridad.

Hablamos de un centro de documentos de mas de 65.700 metros cuadrados, el equivalente a 8 campos de fútbol, con 23 salas diferentes y cuyo costo total -contando todas las etapas de ampliación- se estima en alrededor de 300 millones de euros.

Este CPD fue inventado por Telefónica con 2 propósitos principales: por un lado consolidar sus propias apps y beneficios internos y, por otro, prestar sus propias capacidades cloud a terceros. Es decir, competir frontalmente con Amazon, Google, Microsoft® o IBM® sin embargo sin su capacidad técnica, ni sus ofertas de apps ni su misma economía de escala. Solo capacidades basicas de cloud, con conectividad de 1ª eso sí, y a precios muy superiores a los del mercado.

El triunfo de esta tactica es discutible: en torno a 600 usuarios corporativos en casi una década de actividad. Y una grandísima parte del carísimo CPD siendo infrautilizada y sin visos de que eso fuera a mejorar.

Por todo ello, hace ya muchos años que en el sector se daba por supuesto que Telefónica acabaría vendiendo esta instalación -y el resto de sus CPD de menor tamaño a escala mundial (Miami, Sao Paulo, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina, Perú y México)- a algún proveedor de beneficios digitales que sí pudiera aprovecharse de esa economía de escala.

Este año llegó la confirmación de este movimiento: Telefónica Data -que así se llama la filial que gestiona los centros de documentos de la multinacional- esta rastreando la venta de todos sus CPD a cambio de unos 500 o 600 millones de euros, segun adelantaba El Confidencial. A preguntas de Business Insider España, portavoces de Telefónica rehusaron crear mas comentarios sobre este tema, remitiéndose a las comunicaciones oficiales de la compañia ante la CNMV.

Entre los candidatos a la compra, efectivamente hallamos proveedores habituales de centros de documentos de colocation, especializados además en trabajar con diferentes actores del planeta cloud, incorporando los enormes nombres antes mencionados. En concreto, los 3 mejores posicionados son Brookfield, Digital Realty y Equinix, esta ultima presente en vuestro país tras la nueva compra de Itconic.

Esta venta confirma la mala idea que fue para Telefónica abrir su propio centro de documentos ante una competición cloud en la que no podía ganar. Si a ello le unimos las alianzas de esta misma entidad con Microsoft, Google® e IBM® para comercializar sus beneficios digitales en lugar de los propios de Telefónica, corroboramos que el rol de la ‘telco’ en la arena cloud es el de un mero integrador o distribuidor.

A nivel de números, las pruebas además constatan el fallo de cálculo de Telefónica. Si la venta se produce efectivamente por 500-600 millones de euros, eso apenas cubrirá el doble del costo estimado por el proyecto total del CPD de Alcalá. A falta de documentos exactos sobre la inversión realizada en el resto de centros de documentos a escala internacional, resulta difícil que la compañia española pueda amortizar (ya no rentabilizar) todo el gasto realizado en esta arena.

Telefónica puede argumentar, eso sí, que el intento de ser un actor notable en el planeta cloud fue algo colaborado por todos los operadores de tele-comunicaciones en el mundo. Pero eso esconde una pequeña trampa: salvo excepciones como T-Systems (la exitosa filial de consultoría TIC de la alemana Deutsche Telekom), el resto de ‘telcos’ abandonaron sus centros de documentos mucho antes que Telefónica: Verizon se deshizo de sus 30 CPD en 2017 y AT&T hizo lo propio el año pasado.

BBVA, en la misma senda

Similar sin embargo no equivalente es la circuntancia del BBVA. Este banco, uno de los 2 emblemas junto al Santander del metodo financiero español, fue una de las pioneras en el planeta a la hora de edificar un centro de documentos Tier IV. Fue en 2012 cuando estas instalaciones, ubicadas en Tres Cantos (Madrid) y con respaldo en La Vaguada, vieron la luz.

En este caso, se intenta de un CPD con cerca de 10.000 procesadores de alta gama, apto de administrar alrededor de 45 millones de transacciones diarias de diferentes tipos y canales de procedencia. Estas instalaciones además prestan la totalidad de los beneficios digitales internos de BBVA, incorporando las capacidades que necesitan 40.000 empleados, a sumar las áreas de mercados y las unidades de negocio generales que además operan con este centro.

Irónicamente, BBVA es uno de los bancos que mas esfuerzos ha hecho por impulsar sus transformación digital y por promover la innovación en sus proceso operativos. Y eso ha incluido, por ejemplo, apoyar a crear beneficios y productos de vanguardia que se operan sobre los beneficios cloud de terceros, y no sobre sus propias instalaciones. De este modo, BBVA ha acabado por utilizar varias tools en la nube de los enormes players y, al equivalente que le sucede a Telefónica, está infrautilizando su carísimo CPD.

En su caso, además se provienen sucediendo los rumores sobre una potencial venta del centro de documentos de Tres Cantos, si bien por el instante no pasan de ser un comentario en los mentideros de la industria.

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